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jueves, 18 de septiembre de 2014

Empresas públicas vs. Privadas

En una economía mixta coexisten dos tipos de empresas: la empresa pública y la empresa privada. La primera pertenece al Estado -principal accionista- y es administrada por los burócratas de turno. La segunda, en cambio, es administrada por los accionistas de la empresa y busca maximizar los beneficios y minimizar los costos.

Adam Smith, el padre de la economía moderna, nos decía “que el Estado debe ser pequeño pero fuerte, en donde se recaude bien los impuestos para poder brindar buena educación, buena salud, buena administración de justicia, la defensa nacional, y el resto de las actividades que lo haga la empresa privada”. Con esto lo que nos quería decir es que el Estado no se debe de llenar de empresas que muchas veces son elefantiásicas y mal administradas.

Ineficiencia económica. El modelo de administración de las empresas del sector público no se rige por un principio básico que sí conocen las empresas privadas: maximizar beneficios y minimizar costos. Estas, al no tener que rendir cuentas por pertenecer justamente al Estado, es decir a todos los habitantes de la nación, carecen del control que existe en la empresa privada. Como resultado, sucede que muchas veces los gobiernos de turno terminan por nombrar a los militantes del partido –cual botín de guerra- en puestos de gobierno para compensarlos por el apoyo (“pega banderas”) recibido durante la campaña política. Así, comienzan a llenar de personas  las empresas públicas, las cuales muchas veces comienzan a volverse ineficientes al tener que cargar con tantos empleados. Un ejemplo de esto es el caso de Petróleos de Venezuela (PDVSA) que, desde que entró Hugo Chaves al poder, ha incrementado su planilla en un 600 %  mientras que su  producción se ha reducido a la mitad.

Asimismo, al ser muchas de estas  empresas monopólicas, no tienen competidores directos, y el precio que cobran por sus productos o servicios están protegidos por el mismo, es decir, cobran lo que les da la gana. Eso, por supuesto, les permite pagar esas frondosas planillas, reduciendo las utilidades y las posibilidades de inversión.

Corrupción. Otro cáncer que afecta a las empresas del sector público es la corrupción.  Al ser “públicas” se supone que son de todos, pero, al mismo tiempo, no son  de nadie. Por esta razón,  los políticos que llegan a la junta directiva y a las gerencia de estas empresas comienzan a operar en beneficio propio con el afán de enriquecerse, ya que su paso por ellas será muy corto (en algunos gobiernos será de cuatros años, en otros de cinco o seis años). Como ejemplos de casos de corrupción tenemos el de Petrobras en Brasil y PEMEX en México.

En el caso de Costa Rica, también existen casos como los de ICE-ALCATEL y CAJA-FISCHEL, ambos muy sonados en la sociedad costarricense. Pues bien, estos casos se dan muchas veces porque los partidos de turno nombran a dedo a sus funcionarios en las juntas directivas de las empresas del sector público.

Solución. ¿Cómo solucionamos este problema ya  común  en varios países de América Latina y que, en países como Puerto Rico, tiene a muchos monopolios del sector público, sobre todo del sector de la luz y el agua,  con fuertes problemas de endeudamiento? Recordemos a Adam Smith, economista escocés que se adelantó a su tiempo: el Estado debe ser pequeño pero fuerte. Mi opinión es que aquellos países que tienen mayoritariamente empresas del sector público ineficientes y elefantiásicas las privaticen, y que el  dinero que se obtenga  de la privatización sea invertido en educación, salud, infraestructura, para así  mejorar la competitividad del país. Se trata de actividades que son inherentes a un Estado pequeño pero fuerte, tal como proponía  Adam Smith.


La empresa privada crea riqueza y empleos; es la que genera la mayor cantidad de empleos en el mundo, no los gobiernos. Fomentemos el emprendedurismo y la innovación en nuestras universidades para poder aumentar la creación de nuevas empresas de base tecnológica, y al mismo tiempo atraer inversión extranjera directa. Una vez que mejoremos nuestro nivel educativo, nuestras carreteras, puertos y aeropuertos, y tengamos un Estado más eficiente centrado en la optimización de las habilidades de sus habitantes en procura de mejorar su calidad de vida y de generar buenos empleos, es cuando logremos ser finalmente  ¡un país desarrollado!
Publicado en el periódico la República el 17 de septiembre del 2014.
https://www.larepublica.net/app/cms/www/index.php?pk_articulo=533320596

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